Subo a la habitación y cuando enciendo la luz, lo primero que veo es que le han hecho algunos arreglos. En algunas paredes se aprecian fotos de mi bebé durmiendo plácidamente entre mis brazos o en los de mamá, mientras en otra su nombre forma parte de la decoración.
—Creo que mamá cometió una locura al venir —le digo a mi bebé, acomodándolo en su cuna y arropándolo con una manta.
Sin saber que más hacer, muerdo mi pulgar y después de pensar que es una insensatez, salgo con mucho cuidado de la