Al entrar, me encuentro de frente con la escena más escalofriante y dantesca de toda mi vida. Victoria yace tendida en el piso sobre un charco de sangre; totalmente inconsciente. En contraposición, el maldito de su exprometido se ha quedado dormido sobre la cama con una botella de licor en la mano derecha. Duerme como si nada hubiera pasado, como si él no fuera el causante esta lamentable y terrible situación.
La sangre hierve dentro de mis venas. La ira, la rabia y el rencor se multiplican a n