85. ¡NADIE HIERE A MI SAPHIR!
NARRADORA
Los gruñidos de la bestia cambiaron de furiosos a sonidos bajos, como si la estuviese llamando.
Ava pateaba desesperada porque no podía resistir el agarre apretado en su cuello.
Pero de un momento a otro la presión cedió y bajo sus nalgas, un poderoso brazo la sostuvo.
Cargada sobre el cuerpo de esa criatura enorme y poderosa, se sumergió en su pecho, entre el suave pelaje oscuro.
Su cabello se movía por la respiración pesada del gigante sobre ella.
Ava tosió un poco, llena de sentimi