Capítulo 96.

Bajé del auto con cuidado, sosteniendo el equilibrio en cuanto mis pies tocaron el suelo. Markos descendió del otro lado, rígido, con esa forma suya de moverse como si su cuerpo fuera un arma incluso cuando estaba quieto.

No nos dieron tiempo para observar demasiado.

—Muévanse.

Nos empujaron a caminar.

Entonces la vi.

La fortaleza.

Se alzaba en mitad de la nada, una estructura de piedra gris, alta, maciza, con muros tan gruesos que parecían una burla a la idea misma de derrumbarlos.

Las puerta
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