Capítulo 144.
Sara esperó tres segundos antes de sacar algo de su bolsillo.
Metió directamente en mi boca un par de flores de cerezo.
—Joder, malditos monstruos —murmuró mientras revisaba mis heridas—. Ayúdenme a levantarla, por favor.
Las lobas se acercaron enseguida con expresiones ansiosas y me tomaron de los brazos.
Sus expresiones de horror y los pequeños chillidos que escapaban de sus gargantas al ver mi carne me dijeron todo lo que necesitaba saber.
Sara apretó los dientes.
—Olvídalo. Nece