Capítulo 126. Adom
—¡Hey! Qué bueno que están vivos —dijo Sara cuando entramos a la “sala de juntas” Leo, el humano mayor que viajaba conmigo, y yo—. No dudé ni un instante en que lo lograrían… Bueno, puede que lo dudara un poco de ti, pajarito, pero…
—¿Dónde?
Mi voz salió neutra.
Ya estaba frente a ella antes de que terminara de hablar.
Sara parpadeó, confundida.
—¿Dónde… qué?
—¿Dónde está el polluelo que rescatamos?
Su expresión cambió.
Se suavizó.
Lo entendió.
Ella sabía perfectamente que el único m