Capítulo 110. Adom
El bosque estaba demasiado tranquilo para mi gusto.
Sara detuvo el auto varios kilómetros antes del punto marcado. El motor se apagó y el silencio cayó de golpe, espeso, cargado de insectos y hojas moviéndose con pereza. No había más caminos humanos cerca, ni ruidos constantes. Era el tipo de lugar que la Organización prefería: lejos de miradas curiosas y lo suficientemente profundo como para que nadie escuchara gritos.
—Hasta aquí —dijo ella mientras se desabrochaba el cinturón.
Asentí y b