Capítulo 108. Markos
No debería estar haciendo esto.
Ese fue el último pensamiento coherente que tuve antes de que el olor de la osa volviera a envolverme como una bofetada caliente, densa, imposible de ignorar.
La advertencia que me había dado resonaba en mi cabeza mientras la sentía temblar bajo mis manos: su aroma estaba empeorando. Intensificándose. Llamando. No solo a mí. Sino a un montón de machos a la redonda. A cualquiera con colmillos, garras y un cerebro lo bastante primitivo como para responder a e