Capítulo 104. Markos
La osa se tambaleó.
En un momento la veía alejarse y al siguiente comenzar a caer.
—Mierda…
Me moví sin pensar.
La alcancé antes de que su cuerpo golpeara el suelo. La tomé por la cintura y su peso cayó contra mi pecho.
Estaba caliente.
Demasiado caliente.
Fruncí el ceño… y entonces respiré prestándole verdadera atención sin que su boca estuviera en la mía para distraerme.
El mundo se detuvo.
Mi cuerpo también.
El olor me golpeó como una pared.
No era miedo. No era sudor. No era sangre.
Era más