Mundo ficciónIniciar sesiónAl despertar Valentina lo primero que hizo fue tomar su teléfono. Revisó la pantalla por unos segundos, pero Anthony no le había enviado ningún mensaje. Dejó escapar un suspiro y salió de la habitación después de arreglarse.
—Señora, tiene una visita —informó una de las empleadas al verla bajar las escaleras.
—¿Quién? —preguntó.
—La señorita Miranda.
Los ojos de Valentina se iluminaron de inmediato. Sin perder un segundo, caminó apresurada, pero sin perder su elegancia hacia la sala.
—¡Miranda! —exclamó con una sonrisa apenas la vio.
Miranda Evans, la mejor amiga de Valentina desde la preparatoria, era una joven de extraordinaria belleza. Sus largos cabellos rojizos caían en suaves rizos sobre sus hombros, siempre vestía con prendas de las mejores marcas y mantenía una imagen impecable. Parecía tener una vida perfecta. Era una de esas mujeres que llamaban la atención apenas entraban a cualquier lugar.
—¡Amiga! —dijo emocionada mientras se levantaba del sofá.
Valentina y ella se dieron un caluroso abrazo. Después, ambas tomaron asiento.
—Anoche todo fue perfecto —dijo Miranda con una sonrisa— La fiesta estuvo tan elegante... Los invitados, uff, no te imaginas...
Valentina se mordió los labios. Ella también pudo haber asistido a esa fiesta de no ser porque Alexander la había atrapado cuando intentó escapar. Además, estaba segura de que había programado aquella cena familiar a propósito esa misma noche. Días antes, ella le había pedido permiso para asistir junto a Miranda.
—Anthony se desanimó mucho cuando le dije que no podrías ir... —dijo al ver la expresión de su amiga—. Incluso se retiró temprano de la fiesta, porque sin ti no era lo mismo.
Valentina soltó un pesado suspiro. Todo era culpa de Alexander Hart. Si él no hubiera arruinado sus planes, habría pasado la noche junto a Anthony.
—Maldito Alexander, todo es su culpa —masculló Valentina, apretando los puños.
—Bueno, tengo un plan —dijo bajando la voz para que nadie más las escuchara— Diremos que salimos de compras. Nadie sospechará... y podrás ver a Anthony. No dejes que Alexander decida también con quién puedes estar.
Valentina dudó por un instante. Desobedecer a Alexander nunca traía nada bueno. Sin embargo, la posibilidad de volver a ver a Anthony hizo que cualquier otra preocupación desapareciera.
— Está bien… — Respondió con una sonrisa.
— Entonces ve a cambiarte.
Valentina asintió y subió rápidamente a su habitación. Después de varios días, por fin volvería a ver a Anthony.
Eligió un vestido color marfil, el mismo que él alguna vez le dijo que resaltaba el color de sus ojos. Se acomodó el cabello frente al espejo y tomó su bolso antes de bajar las escaleras.
Miranda ya la esperaba junto a la puerta principal.
— ¿Lista?
— Sí. — Dijo emocionada.
Las dos salieron de la mansión Hart y subieron al automóvil de Miranda. Los hombres de seguridad se mantuvieron al margen, sin siquiera cuestionar a la señora Hart. Las órdenes de Alexander habían sido más que claras: dejarla escapar.
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En las oficinas de Hart Corporation, Alexander se encontraba en una reunión con los directivos de la empresa cuando su teléfono vibró sobre la mesa. Miró la pantalla y contestó la llamada sin alterar la expresión de su rostro.
—¿Qué ocurre? —preguntó con tranquilidad, mientras los demás permanecían en silencio.
—Señor Hart, la señora acaba de salir de la mansión junto a la señorita Miranda Evans —informó uno de los hombres de seguridad.
—Entendido —respondió con serenidad antes de colgar la llamada.
Hizo una seña para que la reunión continuara. Su atención volvió a la tablet que descansaba sobre la mesa, aunque una ligera sonrisa se dibujó en sus labios.
Valentina había hecho exactamente lo que él esperaba.
Dos años atrás, cuando la familia Luna propuso aquel matrimonio, Alexander aceptó sin negociar una sola condición. Ninguno de ellos sabía que esa decisión había sido tomada mucho antes.
Nunca olvidaría la primera vez que la conoció, ese día, fue suficiente para que Alexander decidiera que algún día la convertiría en su esposa.
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Miranda condujo a Valentina directamente hasta un reservado del restaurante. En cuanto cruzó la puerta, sus ojos se iluminaron al verlo.
Anthony Solís vestía un elegante traje negro sin corbata. Al verlo, Valentina no dudó en correr hacia sus brazos.
—Peque... —dijo Anthony mientras la envolvía entre sus brazos.
—Te extrañé tanto, Anthony... mi amor... —susurró Valentina con la voz entrecortada.
Anthony besó con delicadeza su frente y acarició su cabello.
—Yo también te extrañé. No sabes cuánto me preocupé cuando supe que Alexander no te dejaba salir.
Valentina sonrió entre lágrimas. A su lado siempre sentía que todo estaba bien. Levantó una de sus manos para acariciar su rostro.
—Creo que ya quedó claro que estorbo —dijo Miranda desde la puerta con una sonrisa.
Valentina se apartó un poco de Anthony y le sonrió con las mejillas ligeramente sonrojadas. Siempre estaría en deuda con su mejor amiga.
—Gracias, Miranda. Te debo una —se adelantó a decir Anthony.
Miranda soltó una pequeña risa, sin decir más salió del privado dándoles un tiempo a la pareja.
Anthony tomó la mano de Valentina y la condujo hasta la mesa. Había preparado una comida especial para ella.
—Prueba una fresa. Están deliciosas —dijo mientras tomaba una del plato y la acercaba a sus labios.
Valentina negó con una pequeña sonrisa, aunque la confusión no tardó en reflejarse en su rostro.
—Soy alérgica a las fresas... ¿Lo olvidaste?
Anthony permaneció inmóvil durante un instante antes de dejar la fresa nuevamente sobre el plato.
—Lo siento, Peque. Han sido semanas tan complicadas que se me cruzaron los cables.
Valentina negó con una pequeña sonrisa y tomó la mano de Anthony para depositar un tierno beso sobre ella. Lo entendía perfectamente. Anthony había heredado una empresa al borde de la quiebra y, desde entonces, trabajaba sin descanso para levantarla.
—No tienes que disculparte conmigo —dijo acariciando el dorso de su mano — Estoy orgullosa de ti.
—Eres la única persona que siempre ha creído en mí. — Dijo, acariciando su mejilla.
Valentina no pudo evitarlo. Besó a Anthony con ternura, lo amaba demasiado para resignarse a perderlo.
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Valentina cruzó el vestíbulo con la intención de subir a su recámara, pero se detuvo al descubrir a Alexander Hart de pie al pie de la escalera principal.
—¿La pasaste bien? —preguntó sosteniendo su mirada.
Valentina frunció ligeramente el ceño ante aquella inesperada pregunta.
—Sí... ¿Por qué lo preguntas?
Alexander asintió con tranquilidad, como si aquella respuesta fuera exactamente la que esperaba.
—Eso era lo único que necesitaba saber —respondió antes de acercarse a ella— Te di la libertad que tanto querías... y la utilizaste para correr a los brazos de Anthony Solís.
Valentina apretó los labios sin dejar de mirarlo, sin embargo, no fue capaz de responder en ese momento.
—Prepárate. Esta noche asistirás conmigo a la Gala Anual Empresarial. — Dijo, para después alejarse de ella.







