Valentina corría por los jardines de la mansión Hart. Estaba a pocos metros de la salida. Llevaba dos años atrapada en esa casa; sus padres, la familia Luna, la habían obligado a casarse con el heredero de los Hart. No les importó que estuviera enamorada de otro hombre: al no tener la fortuna ni el estatus de Alexander Hart, lo descartaron sin dudarlo. Y desde entonces, odiaba a su esposo, por separarla de su amor.—¡Al fin! —gritó emocionada, al ver las puertas de acero de la mansión.Antes de cruzarlas, varios hombres vestidos de negro le cerraron el paso. No mostraban armas, pero era evidente que las llevaban.Rendida y exhausta, Valentina se dejó caer al suelo. Había estado tan cerca de lograrlo... tan cerca de encontrarse con Anthony.Levantó la mirada y fijó sus ojos aceitunados en el hombre que se acercaba. Alexander caminaba con pasos firmes, vistiendo un traje gris a medida que resaltaba su complexión robusta.—Casi lo logras, Valentina —dijo con voz ronca, ajustándose los le
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