Sarah se quedo en silencio, un silencio sepulcral qué inundó la oficina. Un par de lagrimas comenzaron a juntarse sobre la orilla de sus ojos hasta nublarse la vista.
No es que le doliera la muerte de Nadia o que sufriera por lo que le había hecho a Jenica, pero saber esa creul solo significaba qué Dmitry ahora era un asesino.
—Amor...—dijo Dmitry aproximándose a Sarah, pero ella se dio la vuelta cuando una lagrima se le escapó y recorrió su mejilla con amargura.
—Sé que Nadia era una perra sin