Vicenzo no alcanza a entrar, pues la puerta ha cerrado y se da cuenta de que ella está molesta por los gestos de ella. Sin esperar más, sube las escaleras y aunque llega minutos después, logra alcanzarla. Arriba está Mila sentada en el sofá jugando con una muñeca y las maletas están listas.
—Perdón, es qué estoy preocupado —dice él tomando por la cintura a Sara impidiendo que esta camine para alejarse de él—. Lo siento, en verdad, nena. Yo también te extrañé.
Sara que nunca ha sido una chica qu