La mañana pintaba calurosa, Patricia había abierto un par de ventanas para que la brisa entrara un poco, al menos.
—Como apesta a contaminación, la ciudad —se queja Lita.
—Mucho —secunda Sara sentándose junto a ella en la mesa del desayunador.
—¿Sigue dormida? —pregunta Patricia refiriéndose a su nieta.
—Sí, ha sido una semana larga y no está acostumbrada a las distancias, ni el tener que estar yendo y viniendo —expone dándole sentido a porque su hija aún sigue dormida cuando es la primera en d