A varios kilómetros de la sierra de Durango, Vicenzo estaba emocionado por qué tan solo faltaban dos días para que fuera dado de alta. La gran mayoría de su familia ya había regresado a Guadalajara a sus respectivas actividades, solo permanecían con el su madre y hermano Alessio. Estos se turnaban para estar con él y ver que no le faltara nada; de nada servían sus ruegos cuando les pedía que se quedaran a descansar en el hotel, que él ya estaba mejor, porque no le hacían caso.
Feliz de que ya f