—Lita, disculpe. ¿Puedo hablar con usted? —cuestiona Vicenzo antes de que cruce la puerta.
—Sí —responde Lita mientras se regresa hacia la mecedora —dime.
— ¿Qué pasa con Sara? ¿Por qué tanto misterio? —su mirada inquisitiva provoca cierta alegría a la abuela— Hoy me percaté apenas que había sido golpeada, ¿quién lo hizo?
Esa última pregunta procedía desde el interior de su alma, un sentido de protección hacia ella se había elevado desde que la miró en la mañana. No había podido dejar de pensar