Nicolás Ortiz
Verla retroceder hacia la cabina de cristal con las piernas temblando fue una de las victorias más adictivas de mi vida. Sabía perfectamente que me odiaba en ese momento; podía ver la furia pura quemando en sus ojos oscuros, una rabia que solo lograba ponerme el miembro todavía más duro dentro del pantalón de sastre. García era una fiera indomable, una abogada brillante que se creía intocable en el tribunal y en las juntas, pero justo ahora, la tenía bajo mi escrutinio, reducida