Nicolás Ortiz
Desperté con el sol filtrándose por las persianas de mi ático y una sensación de victoria que me recorría la sangre como un tónico. Estaba solo en la cama, pero el aroma de Isabel (esa mezcla de jazmín y el rastro amargo del whisky) seguía impregnado en las sábanas de seda.
Sonreí para mis adentros mientras me estiraba. Se había ido temprano, tal como esperaba de una mujer con su carácter. Sin explicaciones, solo recuerdos, había dicho. Y vaya si había dejado recuerdos. Mi cuerpo