133. Lealtad dividida (Parte 2)
Isabella no tuvo tiempo de reaccionar. Un dolor punzante le recorrió el cuero cabelludo cuando la lanzaron contra la pared de ladrillos.
El impacto le cortó la respiración.
Ante ella, el general Reed se recortó contra la luz abrasadora del mediodía, sus rasgos endurecidos por las sombras que le trazaban surcos en el rostro.
—Señora Kingston —siseó, su aliento impregnado de whisky rancio—. Qué encuentro tan oportuno.
El miedo la recorrió como un latigazo, pero no parpadeó.
—¿Qué quiere? —Su voz