Para Mía la noche fue muy larga, fingió dormir, mientras se cubría de pies a cabeza con la manta, había intentado persuadir a Ahmed para que se fuera a otra habitación, o durmiera en algún sillón.
Por supuesto que él se negó rotundamente, y cuando ella se levantó para ir a otro lado, él la tomó por la mano y la obligó a regresar a la cama.
—No te comeré, eso te lo aseguro, entre nosotros no pasará nada que tu no quieras, te tocaré sólo que tú me lo pidas. —Ahmed sonrió pícaramente al decirlo, M