TRISTAN
Todo a mi alrededor parecía diferente.
Estaba de regreso en mi manada, y los pasillos estaban vacíos y silenciosos. Solo se oía el viento golpeando las ventanas mientras caminaba por ellos.
Mi corazón latía lentamente y no veía señales de nadie.
Cuando llamé a mi padre, mi voz no salió, y el terror se apoderó de mí.
Caí de rodillas, incapaz de creerlo.
¿Me había quedado sin voz?
De repente, unos sonidos extraños me sacaron de mi drama interior. Eran más bien gemidos y el ruido de algo d