Isla no había dicho nada desde que dejaron la clínica y a Horatio le habría gustado saber qué es lo que pasaba por su mente.
—¿Estás bien? —preguntó.
Estaban atrapados en medio del tráfico y tardarían al menos otros quince minutos en llegar a la constructora. Tiempo suficiente para intentar que ella se sintiera mejor.
—Sí. Yo solo… ya sabes… aún estoy procesando la noticia. —Ella soltó una bocanada de aire—. Es como si no pudiera dejar de pensar. En el pasado, nunca me detuve a considerar si al