Un besito robado y una cena inesperada.
Manuel y Verónica se dirigían a la empresa, y como siempre, él no podía evitar ser todo un caballero. Al llegar al auto, le abrió la puerta con una sonrisa. Verónica, acostumbrada ya a sus gestos, le agradeció con un simple "gracias" mientras movía la cabeza en señal de cortesía. Pero por dentro, Manuel luchaba contra sus impulsos; lo único que quería era besarla.
Cuando ella se sentó, él se agachó antes de cerrar la puerta. Con movimientos suaves pero s