Capítulo – Lo que un Padre No Perdona
La casa de los Torres tenía las luces bajas cuando Stephen tocó la puerta. El aire en Alicante era más cálido que en Londres, pero el frío que llevaba dentro no se le iba con nada.
Fabián abrió la puerta con el ceño fruncido.
—¿Stephen? —preguntó sorprendido—. ¿Qué hacés acá? ¿Y Joselín?
Stephen tragó saliva. Llevaba más de 24 horas sin dormir. Los ojos rojos, la voz quebrada.
—Necesito hablar con ustedes. ¿Está Lilian?
Fabián frunció más el ceño, pero lo h