Noche de confesiones y decisiones
Verónica se acomodó en la cama, abrazando la almohada mientras observaba a Emanuel con el ceño fruncido. Él estaba recostado de lado, con un brazo bajo la cabeza, mirándola con esa mezcla de paciencia y diversión que la desesperaba.
—Emanuel, yo no sé qué está pasando con nuestros hijos —soltó de golpe—. Los noto distantes, pero no sé si soy yo que me estoy haciendo la cabeza o si realmente algo anda mal.
Él suspiró y pasó una mano por su rostro.
—Vero, es