Podría haber ignorado lo que vi y haberme marchado. Pero era más fuerte que yo. Levanté el pesado vestido con las manos y lo seguí, todavía descalza, deteniéndome frente a él, que me miraba sorprendido:
- ¿Sierra?
- ¿Qué carajo haces aquí? Casi grité.
- Esta es mi colega de la universidad, Tereza. – presentó a la mujer, que ni siquiera tenía la capacidad de levantarse de su regazo.
- Hola... - dije, apenas mirándola a la cara, volviendo mis ojos hacia él.
- ¿Sierra? Es un placer conocerlo. Fran