Al despertar, sintió un leve dolor de cabeza. Había soñado con perros furiosos que la perseguían para clavar sus filosos dientes en ella.
Se sobresaltó al ver a Lucas a su lado. La observaba con seriedad.
—¿Cómo te sientes?
Ayudada por él, se sentó sobre la mesa de hierro.
—Creo que voy a vomitar —dijo. Cerró los ojos y se sostuvo la cabeza con una mano para esperar a que le pasara el mareo.
—Si puedes, hazlo. Eso te ayudará a sentirte mejor. Tenemos que salir pronto de aquí.
Enseguida todos lo