La recepción benéfica seguía a un ritmo acelerado. Música. Risas. Conversaciones estratégicas. Negocios cerrándose en mesas discretas repartidas por el salón.
Pero Liam apenas prestaba atención.
Después de terminar la llamada con Meredith, permaneció solo en el espacio reservado durante varios minutos. El Mediterráneo se extendía ante él, oscuro y silencioso.
Las luces de los yates se reflejaban sobre el agua como pequeñas constelaciones. El teléfono seguía en su mano. Sus ojos estaban fijos en