Capítulo 78.
Victoria estaba lanzando cosas con desprecio desmedido por toda la oficina, los cristales estrellándose en medio de las paredes sin contemplación, tantos años luchando por esta oportunidad y no había servido de nada.
— ¡Maldito seas Herrera! — Dijo con los ojos llenos de sangre.
En ese momento un Mauricio calmado entró a la oficina que ella tenía en el edificio del Conglomerado y la cerró con llave después de entrar.
— Madre no debiste exponerte de esta manera.
—Todos nuestros planes, hijo, e