Capítulo 158.
Las miradas de ambos, Erick y Lucrecia conectadas hacían una especie de campo magnético, ambas poderosas, ambas desesperadas por destruir a quien tenían enfrente y sobre todo, intentando mantener los secretos ocultos, que tantos años después seguían cobrando su alto precio.
Erick se mantenía en silencio, observando el vacío en los ojos de Lucrecia, como una ventana a su falta de alma.
“¿Cómo no pude ver esta maldad inherente en ella antes? solo estar en su presencia deja ver un aura insoportabl