A Ana se le tensó el cuerpo instantáneamente. Al siguiente momento, Gabriel se inclinó cerca de su oído, su aliento cálido provocándole una sensación extraña.
—Hay cámaras —susurró suavemente.
Con estas palabras flotando en el aire, Ana se esforzó por mantener la calma sin mostrar ninguna señal reveladora. Señaló a la chica que estaba al final de la fila. Mientras las no elegidas se retiraban una a una, Gabriel llevó a Ana al sofá cuando la puerta se cerró.
La iluminación de la sala privada era