Gabriel se quedó confundido.
En su confusión, vio que Ana abrió esos ojos seductores como flores de durazno, mirándolo fijamente.
Puso una mano en su hombro y luego con un empujón fuerte, se volteó y se sentó encima de él.
Gabriel no pudo evitar que sus ojos se oscurecieran, su nuez de Adán subía y bajaba.
—Ana...
Ana cambió completamente su comportamiento anterior, tomando la iniciativa.
Efectivamente.
Mientras la que se sintiera apenada no fuera ella, definitivamente sería la otra persona.
Des