—¿Qué? Hablaste muy bajito, no te escuché.
Ana y Mariana estaban paradas muy cerca, no existía el problema de no escuchar.
¡Era obvio que Ana la estaba molestando a propósito!
Mariana contuvo las lágrimas y elevó la voz:
—¡Lo siento!
Esta vez, Ana la escuchó.
La miró fijamente durante unos momentos, y de repente se inclinó hacia ella. Este acercamiento repentino hizo que Mariana no pudiera reaccionar en absoluto.
Sintió una ráfaga de aire cálido pasar junto a su oído, y luego Ana le dijo en voz