La expresión de Mariana se endureció visiblemente. Sus pupilas se contrajeron de repente al escuchar ese nombre que tanto detestaba salir de los labios de la madre de Gabriel. Después de sufrir varios reveses con Ana, su reacción física era casi involuntaria. Sentía náuseas, asco.
De inmediato, su rostro se tornó pálido y descompuesto.
Guadalupe, preocupada, preguntó: —¿Qué te pasa Mariana? ¿No te sientes bien?
Mariana apretó sus manos, obligándose a respirar profundamente. Sonrió con aparente d