En la mañana me levanto y me veo en el espejo, ¡Dios!, estoy muy inflamada, ni siquiera con unos lentes de sol puedo disimular la inflamación de la cara.
—Buenos días señora Mariela, ¿puedo entrar?
—Sí, pasa.
—Me imaginé que estaba así, vine a traerle una pastilla para que le baje la inflamación,
así no puede salir a la calle.
Después que sale Mariela de la habitación, vuelven a tocar la puerta.
—Pasa Mariela.
—No es Mariela soy yo, estoy llegando de viaje y