Nora
Entorné los ojos, buscándolos entre los árboles, y entonces, los tres hermanos D’ Amico, emergieron muy cerca de nosotros, bajo el brumoso resplandor lunar, con un gesto amenazante.
Máximo se puso rígido al instante, los tres parecían lobos a punto de atacar y la única garantía de que no lo hicieran era que yo me interponía entre ellos.
No podía estar más feliz de verlos, incluso al gruñón de Aquiles. De ser posible lo hubiese abrazado.
—Suelta a Nora, imbéc¡l y puede que te permita sub