Ares
Me dejó sin palabras y jadeante, incapaz de dar un solo paso, hasta que escuché el rugido del motor.
Un par de minutos después, deseé poder estar en la ciudad, allí podría salir a despejarme. Necesitaba algo que me hiciera olvidar esa odiosa casa, a Máximo, Allegra y ahora también, necesitaba dejar de pensar desesperadamente en esa mujer desafiante que sin el menor esfuerzo había puesto mi mundo de cabeza.
—Ella, es un problema que camina —me dije, frotándome la frente —. Lo mejor es te