Nora
—¿Cuántas veces te levantaste a medirle la glucosa, anoche? —La voz de Ares, me hizo levantar la cabeza sobresaltada y la jarra de café casi resbaló de mis manos.
—No es tu problema, no entiendo esa manía tuya de controlar todo.
Estaba enojada, pero no con él, sino conmigo misma. Lo que sentía cuando estaba cerca me abrumaba. Me hacía sentir terriblemente débil.
Meneo la cabeza, se apoyó en el marco de la puerta de la cocina, me observó durante un momento y la turbación que me provocab