Capítulo 56

El burbujeo que sentía en el estómago no era otra cosa que el café que bebió después de la cena porque definitivamente no eran las dichosas mariposas, en lo absoluto. El leve temblor en las manos no se debía a los nervios, era solo el frío entrando por la abertura de la ventanilla de la puerta del coche. El son frenético de su corazón no se debía a los sentimientos abrumadores que le provocaba la mujer que iba sentada en el

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