Mundo ficciónIniciar sesiónDivisó el enorme portón de rejas y sus pasos se detuvieron, ¿qué estaba haciendo? No, Santiago necesitaba tener respuestas, aclarar su mente y la única que podía darle todo eso era la chiquilla. Giró sobre sí, regresando por el sendero que conducía a la puerta principal.
Dejó el caballete y el maltratado bolso a un lado de la puerta y, sin dudar un segundo, llevó su mano al picaporte y lo hizo girar. La puerta







