Mundo ficciónIniciar sesiónYerai miraba bajo el paraguas a unos metros la lápida de piedra gris. Junto a la lápida, un agujero en el que estaban metiendo un ataúd, el ataúd de un joven de 23 años que había muerto envenenado por algo que el forense no había conseguido describir, pero que habría sido suficiente con lavar el estómago para que no lo matase.
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