Dante la miro desconcertado y volvio a formular la misma frase.
—Te estoy pidiendo que te cases conmigo.
—¿De verdad? – la desconcertaba a tal grado esa afirmación, que fue lo único que se le ocurrió murmurar
—Di algo más – la invitó, recorriéndole el labio inferior con un dedo.
— Es que no se que decir – logró emitir, rezando porque el impacto de la sorpresa disminuyera para que pudiera comportarse de manera normal. — ¿ Hace mucho que lo piensas?
—Digamos que lo he pensado desde hace un tiempo