Dante Beaumont se encontraba en el gimnasio privado de su exclusivo ático en el corazón de Londres, rodeado de ventanas que ofrecían una vista impresionante de la ciudad. El sudor perlaba su frente mientras realizaba una serie de ejercicios de pesas, su respiración constante y controlada.
Su cuerpo atlético y definido se movía con precisión, cada músculo trabajando en armonía para lograr la perfección. Dante era un hombre que valoraba la disciplina y el control en todos los aspectos de su vida,