Capítulo 33. Lo que oculta el poder.
En la opulenta mansión de Cambridge, el aire estaba cargado de tensión. Arthur Olsen, el príncipe de Amalienborg, estaba de pie junto a una ventana observando el jardín iluminado por la luna. Su rostro reflejaba ira, y su voz retumbó en la sala como un trueno.
—¡Esto no puede seguir así, Jacob! —exclamó Arthur, girándose bruscamente hacia su asistente. —Todo debe volver a la normalidad. Este negocio es demasiado lucrativo y no puedo permitir que nada lo ponga en peligro. Mi título, mi posición,