Capítulo 30. Penumbras de poder.
Oslo, Noruega.
Mientras caminaban por las pintorescas calles de Oslo, la luz del atardecer se filtraba a través de los edificios históricos, creando un halo dorado que envolvía a Blair. Oliver, con el corazón latiendo al compás de sus pasos, no podía apartar la mirada de ella. El vestido que Beatrice le había regalado parecía danzar con la brisa, acentuando cada curva de su figura y reflejando la esencia de una princesa de cuento de hadas. Cada rayo de sol que tocaba su piel parecía encender un