BRENIN
Caminamos por las calles en silencio atentos a nuestro alrededor que estaba sorpresivamente tranquilo.
Tomé su mano sin siquiera pensarlo mucho y noté como se tensó levemente, pero no se apartó. Sé que su cabeza está dividida en esto, en las acciones que tuve y las que tengo ahora, pero no es momento para quitar todas las inseguridades.
Eso lo haré cuando estemos solos.
En nuestro hogar.
–¿Crees que le guste? –Antón preguntó–. No lo hemos decorado.
–Eso puede hacerlo ella –respondí–. Con