POV de Clara
Las persianas de seguridad automatizadas de acero permanecían selladas contra la noche de Los Ángeles, pero el silencio dentro del ático ya no se sentía como un santuario.
Se sentía como la quietud pesada y sofocante de una tumba. Me quedé de pie en el centro del oscuro estudio de madera de nogal, con el pase de visitante de plástico del Complejo Correccional de Chino apretado tan fuerte en la palma de mi mano que sus bordes amenazaban con hacerme sangrar.
El calor del desierto de