Y los días se convirtieron en semanas. Elara dejó de comer, encerrada a solas en el silencio sofocante de su habitación. Nunca se le permitía salir, ni hacer otra cosa que no fuera bañarse, dormir y despertar frente a las mismas cuatro paredes.
Fuera de las puertas del palacio, el internet seguía bullendo. El público quería saber más sobre el misterioso omega por quien ella había declarado su amor. Querían saber qué había decidido finalmente Elara, y por qué el Presidente Vance seguía guardando