Zara
Nunca en mi vida he estado nerviosa.
De pie en la oficina de Adrian con la falda acomodada y el cabello todavía destrozado y Daniel al otro lado de esa puerta sentí algo suficientemente cercano al nerviosismo como para enojarme por ello.
Adrian se abotonó la camisa sin mirarme. Mandíbula tensa. Hombros rígidos. El hombre que acababa de desmoronarse completamente entre mis brazos se reensambló en cuarenta segundos en el Profesor Voss y lo observé ocurrir y sentí algo complicado moverse por