Zara
El vuelo duró tres horas.
Pasé la primera hora mirando por la ventana las nubes, pensando en nada, porque pensar en todo no era una opción a diez mil metros de altura sin ningún lugar adonde ir.
La segunda hora dormí.
La tercera hora leí mi cuaderno.
El que Harlow me había devuelto.
Página por página.
Cada cosa cruda y honesta que había escrito a los dieciocho años durante aquellas sesiones de Harrow.
Era extraordinaria a los dieciocho.
Completamente desprotegida.
Pero extraordinaria.
El c